El tríptico del Descendimiento (55 x 132 cm) atribuído al pintor Dirk Bouts y conservado en el Museo del Patriarca de Valencia es una de esas obras de la pintura flamenca del siglo XV que, por el simple hecho de no formar parte de las colecciones de algun museo de primer orden, es una perfecta desconocida por el gran público, a pesar de su enorme calidad.
Nadie, por tanto, se atreve a declarar que se trate de una obra autógrafa de Dirk Bouts, uno de los grandes maestros flamencos de la segunda mitad del siglo XV, y repetición, o modelo, que todo ello es posible, del gran tríptico (190 x 280 cm) del mismo tema conservado en la Capilla Real de Granada, de quien en cambio nadie duda que ése fuera su autor.
Una comparación similar podría hacerse con los dos trípticos de la Adoración de los Reyes Magos, de Hans Memling, uno de gran formato (Museo del Prado) y otro pequeño (Iglesia de San Juan de Brujas), que por el mero hecho de ser mucho más conocidos, no generan dudas, o no demasiadas, a los críticos, para considerarlos de una misma mano.
Esto solo viene a indicarnos que es mucho aún el camino a recorrer, y que el tríptico de Valencia, tras una limpieza superficial necesaria, y unos adecuados estudios, a la vez que una completa puesta en relación con el tríptico granadino, arroje luz a las sombras que en este momento lo mantienen relegado a un segundo plano.
Este tríptico figura al parecer desde el siglo XVII entre los fondos del Museo del Patriarca de Valencia, y solamente comenzó a tener un cierto relieve a partir de finales del siglo XIX, cuando participó en algunas exposiciones de arte, llegando incluso a ser considerado obra de Rogier van der Weyden, pero sin convencimiento alguno, por el mero hecho de contar con esos arcos que enmarcan cada una de las escenas, tal como también hacía Weyden.
Hasta no hace muchos años ni tan siquiera fue citado en muchos de los estudios dedicados de Bouts y solo en las últimas publicaciones se le concede una cierta distinción, pero siempre como obra derivada del tríptico de Granada, y no de la mano de este autor sino como obra de taller, o de algun imitador.
Blog dedicado a las numerosas obras de la escuela de pintura flamenca de los siglos XV y XVI conservadas en la Península Ibérica
lunes, 2 de diciembre de 2013
domingo, 1 de diciembre de 2013
Muerte de Lucrecia, del Maestro del Papagayo, en el Prado
El Museo del Prado posee una pequeña tabla (48 x 38 cms) atribuída por Matías Díaz Padrón al Maestro del Papagayo, un anónimo pinor activo en la primera mitad del siglo XVI, que representa la muerte de Lucrecia, provocada por sí misma en presencia de su padre y su esposo, tras ser violada por Tarquinio, hijo del rey de Roma, cuya muerte vengaría su primo Bruto y con ello Roma daría paso de la Monarquía a la República.
La dramática escena ha sido representada de distintas maneras a lo largo de los siglos, a veces en compañía del resto de asistentes a la misma, pero en esta ocasión el pequeño cuadro del Prado nos muestra solamente la figura de Lucrecia, de medio cuerpo, en el momento de clavarse el puñal.
El Maestro del Papagayo recibe ese nombre a partir de un cuadro que representa a la Virgen con el Niño sosteniendo y jugueteando con un papagayo, y a partir de esa obra, se han reunido un conjunto de piezas a partir de las cuales se ha intentado definir su estilo, y aunque sería necesario llevar a cabo una revisión de ese grupo de cuadros, lo cierto es que este anónimo pintor es un artista bastante interesanteo pero no genial, bien lejos de las grandes figuras de la primera mitad del siglo XVI, lo que no obsta para que se le preste la atención debida como a tantos otros de similar relieve.
Su producción debió ser bastante abundante, en parte pensada para la exportación, razón por la cual en España se conservan unas cuantas obras atribuídas a su mano o a su entorno, entre las cuales esta pintura del Prado es una de las más destacables, tanto por su calidad como por el hecho de no referirse a un asunto religioso sino histórico o histórico-mitológico, como se prefiera.
La dramática escena ha sido representada de distintas maneras a lo largo de los siglos, a veces en compañía del resto de asistentes a la misma, pero en esta ocasión el pequeño cuadro del Prado nos muestra solamente la figura de Lucrecia, de medio cuerpo, en el momento de clavarse el puñal.
El Maestro del Papagayo recibe ese nombre a partir de un cuadro que representa a la Virgen con el Niño sosteniendo y jugueteando con un papagayo, y a partir de esa obra, se han reunido un conjunto de piezas a partir de las cuales se ha intentado definir su estilo, y aunque sería necesario llevar a cabo una revisión de ese grupo de cuadros, lo cierto es que este anónimo pintor es un artista bastante interesanteo pero no genial, bien lejos de las grandes figuras de la primera mitad del siglo XVI, lo que no obsta para que se le preste la atención debida como a tantos otros de similar relieve.
Su producción debió ser bastante abundante, en parte pensada para la exportación, razón por la cual en España se conservan unas cuantas obras atribuídas a su mano o a su entorno, entre las cuales esta pintura del Prado es una de las más destacables, tanto por su calidad como por el hecho de no referirse a un asunto religioso sino histórico o histórico-mitológico, como se prefiera.
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Maestro del Papagayo,
Museo del Prado
Un nuevo cuadro que representa a San Jerónimo, en el Prado
En la última década el Museo del Prado ha realizado una importante política de adquisiciones de pinturas flamencas de los siglos XV y XVI, que han reforzado considerablemente la presencia de dicha escuela pictórica en esa institución. Baste citar entre las últimas El vino de la fiesta de San Martín, de Bruegel el Viejo, o la tabla de la Virgen con el Niño, del Maestro de Frankfurt, pieza central de un tríptico cuyos laterales estaban desde el siglo XIX en el Prado, y esta tabla central después de recorrer medio mundo en manos de diferentes coleccionistas, pudo finalmente ser reintegrada al conjunto del que se separó como consecuencia de los devastadores efectos que tuvo para el patrimonio español la política desamortizadora del siglo XIX.
En esta ocasión la noticia se refiere a la adquisición de una tabla que representa en primer plano a San Jerónimo en oración, frente a un crucifijo situado en el suelo y apoyado contra un árbol cuyo tronco cierra la escena por la parte derecha y con sus ramas constituye una especie de habitáculo natural, a modo de porche o incluso capilla al aire libre, con el fin de que no distraiga la atención del devoto que la tuviera delante para rezar, puesto que esa era la principal finalidad de la pintura.
El manto y el sombrero rojo, de los que se ha despjado el santo, el tronco mismo del árbol, y la hiedra que sube por ese tronco, constituyen un perfecto dosel para realizar igualmente el crucifijo que, por su pequeño tamaño pudiera parsar algo desapercibido.
En la parte vemos un león, símbolo asociado al santo, comiéndose una liebre, y como fondo un hermoso y cuidado paisaje, más llano en la parte más cercana y montañoso en la lejanía. Los contrastes de luces ayudan a proporcionar sensaciones de mayor o menor profundidad, e invitan a reflexionar acerca de la autoría de esta importante obra, de comienzos de las primeras décadas del siglo XVI, que nuestro primer museo ha colgado en sus salas de pintura flamenca primitiva con la atribución a un anónimo pintor de Brujas de dicha época.
Válganos simplemente añadir, que con anterioridad esta tabla, que había tenido la consideración de Bien de Interés Cultural, en atención a su calidad, había sido atribuída al anónimo Maestro de las Medias Figuras, por la bondad y candidez que derrama la figura del santo, si bien el campo queda abierto al debate, puesto que, efectivamente, si comparamos esta escena religiosa con las del tríptico del Nacimiento, del Prado, atribuída al Maestro de las Medias Figuras, parece evidente una cierta diferencia en el tratamiento de los pliegues de los vestidos y en general de los ángulos de los distintos objetos representados, respecto de lo que podemos ver en el tríptico, que es como más suave y pastoso.
Y en este punto nos detenemos. Los expertos determinarán en el futuro lo que estimen más apropiado, pero de momento cabe felicitarnos por esta importante adición a la colección de primitivos flamencos del Prado, que habría de merecer algun día la confección de un catálogo completo de la misma, no solo de lo expuesto habitualmente sino también de las obras en reserva, o en ese Prado disperso, porque es una de las más importantes del mundo pero se publicita muy poco.
Quiero expresar mi agradecimiento al primer comentarista de este blog, 'Boro', que lo viene siguiendo prácticamente desde el primer día, y a quien debo el envío del enlace que ha permitido publicar la imagen de esta nueva tabla del Prado, que figura a continuación.
En esta ocasión la noticia se refiere a la adquisición de una tabla que representa en primer plano a San Jerónimo en oración, frente a un crucifijo situado en el suelo y apoyado contra un árbol cuyo tronco cierra la escena por la parte derecha y con sus ramas constituye una especie de habitáculo natural, a modo de porche o incluso capilla al aire libre, con el fin de que no distraiga la atención del devoto que la tuviera delante para rezar, puesto que esa era la principal finalidad de la pintura.
El manto y el sombrero rojo, de los que se ha despjado el santo, el tronco mismo del árbol, y la hiedra que sube por ese tronco, constituyen un perfecto dosel para realizar igualmente el crucifijo que, por su pequeño tamaño pudiera parsar algo desapercibido.
En la parte vemos un león, símbolo asociado al santo, comiéndose una liebre, y como fondo un hermoso y cuidado paisaje, más llano en la parte más cercana y montañoso en la lejanía. Los contrastes de luces ayudan a proporcionar sensaciones de mayor o menor profundidad, e invitan a reflexionar acerca de la autoría de esta importante obra, de comienzos de las primeras décadas del siglo XVI, que nuestro primer museo ha colgado en sus salas de pintura flamenca primitiva con la atribución a un anónimo pintor de Brujas de dicha época.
Válganos simplemente añadir, que con anterioridad esta tabla, que había tenido la consideración de Bien de Interés Cultural, en atención a su calidad, había sido atribuída al anónimo Maestro de las Medias Figuras, por la bondad y candidez que derrama la figura del santo, si bien el campo queda abierto al debate, puesto que, efectivamente, si comparamos esta escena religiosa con las del tríptico del Nacimiento, del Prado, atribuída al Maestro de las Medias Figuras, parece evidente una cierta diferencia en el tratamiento de los pliegues de los vestidos y en general de los ángulos de los distintos objetos representados, respecto de lo que podemos ver en el tríptico, que es como más suave y pastoso.
Y en este punto nos detenemos. Los expertos determinarán en el futuro lo que estimen más apropiado, pero de momento cabe felicitarnos por esta importante adición a la colección de primitivos flamencos del Prado, que habría de merecer algun día la confección de un catálogo completo de la misma, no solo de lo expuesto habitualmente sino también de las obras en reserva, o en ese Prado disperso, porque es una de las más importantes del mundo pero se publicita muy poco.
Quiero expresar mi agradecimiento al primer comentarista de este blog, 'Boro', que lo viene siguiendo prácticamente desde el primer día, y a quien debo el envío del enlace que ha permitido publicar la imagen de esta nueva tabla del Prado, que figura a continuación.
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Anónimo de comienzos del siglo XVI,
Museo del Prado
sábado, 30 de noviembre de 2013
Tríptico del Nacimiento de Cristo, del Maestro de las Medias Figuras, en el Prado
Aunque lo más característico de la producción del anónimo Maestro de las Medias Figuras (activo especialmente en el segundo cuarto del siglo XVI) son las representaciones de figuras femeninas de medio cuerpo, sean vírgenes, santas, o mujeres jóvenes leyendo o tocando un instrumento musical, este autor también llevó a cabo otro tipo de composiciones, en las que tenía que romper esos esquemas que le caracterizan, para representar otro tipo de escenas para el público que las demandaba, como las de carácter religioso, en la línea del trabajo de otros pintores de su época.
Es el caso del importante tríptico conservado en el Museo del Prado, normalmente no expuesto al público, pero accesible a través de internet en su catálogo online, de donde procede esta imagen que reproducimos a continuación, en la que puede apreciarse la calidad de su trabajo, mediano si lo comparamos con otros artistas de su época, pero suficiente para triunfar entre una clientela que no siempre podía permitirse el lujo de contratar los servicios de un gran maestro.
En este caso el tríptico representa la escena de la Anunciación, en el ala izquierda del mismo, la escena central está dedicada al Nacimiento, escena hacia la que se dirigen tres personas, el primero de los cuales un gaitero tocando su gaita, y la escena de la derecha representa la Presentación en el Templo. Se trata de una obra muy armónica, muy amable, en donde la Virgen María vestida de oscuro es la protagonista del mismo.
Es el caso del importante tríptico conservado en el Museo del Prado, normalmente no expuesto al público, pero accesible a través de internet en su catálogo online, de donde procede esta imagen que reproducimos a continuación, en la que puede apreciarse la calidad de su trabajo, mediano si lo comparamos con otros artistas de su época, pero suficiente para triunfar entre una clientela que no siempre podía permitirse el lujo de contratar los servicios de un gran maestro.
En este caso el tríptico representa la escena de la Anunciación, en el ala izquierda del mismo, la escena central está dedicada al Nacimiento, escena hacia la que se dirigen tres personas, el primero de los cuales un gaitero tocando su gaita, y la escena de la derecha representa la Presentación en el Templo. Se trata de una obra muy armónica, muy amable, en donde la Virgen María vestida de oscuro es la protagonista del mismo.
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Maestro de las Medias Figuras,
Museo del Prado
Virgen con el Niño, en el Museo de Burgos
Entre las varias pinturas flamencas de comienzos del siglo XVI conservadas en el Museo de Bellas Artes de burgos, figura una pequeña tabla atribuída al Maestro de las Medias Figuras, un pintor anónimo cuya producción se sitúa básicamente en el segundo cuarto del siglo XVI, y que se caracteriza por la representación de figuras femeninas de medio cuerpo, seas vírgenes, santas, o jóvenes escribiendo o tocando un instrumento musical.
No es un pintor de primera fila, aunque la producción que suele atribuírsele tiene una cierta calidad, es bastante correcta, homogénea, pero trabajaba para un público no excesivamente refinado, y seguramente pensando en una obra fácil destinada a la exportación, como parece desprenderse del carácter dulzón y amable de muchos de sus trabajos.
La pequeña tabla burgalesa cumple todos estos requisitos y con estos precedentes, baste la mera contemplación de la reproducción que figura a continuación, para formarse una perfecta idea del alcance de este anónimo pintor, del que se conservan algunas otras obras suyas en España, especialmente significativa el tríptico del Nacimiento de Cristo, perteneciente al Museo del Prado.
No es un pintor de primera fila, aunque la producción que suele atribuírsele tiene una cierta calidad, es bastante correcta, homogénea, pero trabajaba para un público no excesivamente refinado, y seguramente pensando en una obra fácil destinada a la exportación, como parece desprenderse del carácter dulzón y amable de muchos de sus trabajos.
La pequeña tabla burgalesa cumple todos estos requisitos y con estos precedentes, baste la mera contemplación de la reproducción que figura a continuación, para formarse una perfecta idea del alcance de este anónimo pintor, del que se conservan algunas otras obras suyas en España, especialmente significativa el tríptico del Nacimiento de Cristo, perteneciente al Museo del Prado.
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Burgos (Museo),
Maestro de las Medias Figuras
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