lunes, 2 de diciembre de 2013

Niño Jesús comiendo uvas, de Joos van Cleve, en Valencia

[en construcción]

27 x 20 cm
Joos van Cleve activo entre 1511-1540 








Miniatura de la Virgen con el Niño, de Gerard David, en Valencia

Esta pequeña tablilla (9 x 7 cm) se conserva en una colección particular valenciana, y ha sido una de las últimas adiciones al catálogo de Gerard David. Representa a la Virgen con el Niño, según un modelo de este autor, que lo repitió en otras obras, por tratarse de un tema muy demandado como objeto de devoción, bien en forma de pequeño altar, o incluso de medallón o escapulario, como parece ser el hermoso ejemplar que nos ocupa.

Tanto el resto de la Virgen como el del Niño son de una gran belleza, y la mirada de éste especialmente inocente, un gesto que pocas veces captamos de una manera tan clara en la pintura medieval. Ambas figuras, de medio cuerpo, lucen sobre un fondo dorado, a semejanza de las tablas italianas y españolas de los siglos XIV y gran parte del XV, que empleaban este tipo de fondos para resaltar las imágenes del universo celestial.

Se considera que la tablilla pudo pintarse hacia 1490, por tanto hacia mediados de la vida de Gerard David (ca.1455-1523), uno de los grandes maestros de la transición del siglo XV al XVI y de la evolución de los modelos perfeccionados por los hermanos Van Eyck, a los nuevos aires renacentistas que a pesar de las dificultades fueron abriéndose camino en tierras flamencas.









Tríptico del Descendimiento, de Dirk Bouts, en Valencia

El tríptico del Descendimiento (55 x 132 cm) atribuído al pintor Dirk Bouts y conservado en el Museo del Patriarca de Valencia es una de esas obras de la pintura flamenca del siglo XV que, por el simple hecho de no formar parte de las colecciones de algun museo de primer orden, es una perfecta desconocida por el gran público, a pesar de su enorme calidad.

Nadie, por tanto, se atreve a declarar que se trate de una obra autógrafa de Dirk Bouts, uno de los grandes maestros flamencos de la segunda mitad del siglo XV, y repetición, o modelo, que todo ello es posible, del gran tríptico (190 x 280 cm) del mismo tema conservado en la Capilla Real de Granada, de quien en cambio nadie duda que ése fuera su autor.

Una comparación similar podría hacerse con los dos trípticos de la Adoración de los Reyes Magos, de Hans Memling, uno de gran formato (Museo del Prado) y otro pequeño (Iglesia de San Juan de Brujas), que por el mero hecho de ser mucho más conocidos, no generan dudas, o no demasiadas, a los críticos, para considerarlos de una misma mano.

Esto solo viene a indicarnos que es mucho aún el camino a recorrer, y que el tríptico de Valencia, tras una limpieza superficial necesaria, y unos adecuados estudios, a la vez que una completa puesta en relación con el tríptico granadino, arroje luz a las sombras que en este momento lo mantienen relegado a un segundo plano.

Este tríptico figura al parecer desde el siglo XVII entre los fondos del Museo del Patriarca de Valencia, y solamente comenzó a tener un cierto relieve a partir de finales del siglo XIX, cuando participó en algunas exposiciones de arte, llegando incluso a ser considerado obra de Rogier van der Weyden, pero sin convencimiento alguno, por el mero hecho de contar con esos arcos que enmarcan cada una de las escenas, tal como también hacía Weyden.

Hasta no hace muchos años ni tan siquiera fue citado en muchos de los estudios dedicados de Bouts y solo en las últimas publicaciones se le concede una cierta distinción, pero siempre como obra derivada del tríptico de Granada, y no de la mano de este autor sino como obra de taller, o de algun imitador.





















domingo, 1 de diciembre de 2013

Muerte de Lucrecia, del Maestro del Papagayo, en el Prado

El Museo del Prado posee una pequeña tabla (48 x 38 cms) atribuída por Matías Díaz Padrón al Maestro del Papagayo, un anónimo pinor activo en la primera mitad del siglo XVI, que representa la muerte de Lucrecia, provocada por sí misma en presencia de su padre y su esposo, tras ser violada por Tarquinio, hijo del rey de Roma, cuya muerte vengaría su primo Bruto y con ello Roma daría paso de la Monarquía a la República.

La dramática escena ha sido representada de distintas maneras a lo largo de los siglos, a veces en compañía del resto de asistentes a la misma, pero en esta ocasión el pequeño cuadro del Prado nos muestra solamente la figura de Lucrecia, de medio cuerpo, en el momento de clavarse el puñal.

El Maestro del Papagayo recibe ese nombre a partir de un cuadro que representa a la Virgen con el Niño sosteniendo y jugueteando con un papagayo, y a partir de esa obra, se han reunido un conjunto de piezas a partir de las cuales se ha intentado definir su estilo, y aunque sería necesario llevar a cabo una revisión de ese grupo de cuadros, lo cierto es que este anónimo pintor es un artista bastante interesanteo pero no genial, bien lejos de las grandes figuras de la primera mitad del siglo XVI, lo que no obsta para que se le preste la atención debida como a tantos otros de similar relieve.

Su producción debió ser bastante abundante, en parte pensada para la exportación, razón por la cual en España se conservan unas cuantas obras atribuídas a su mano o a su entorno, entre las cuales esta pintura del Prado es una de las más destacables, tanto por su calidad como por el hecho de no referirse a un asunto religioso sino histórico o histórico-mitológico, como se prefiera.












Un nuevo cuadro que representa a San Jerónimo, en el Prado

En la última década el Museo del Prado ha realizado una importante política de adquisiciones de pinturas flamencas de los siglos XV y XVI, que han reforzado considerablemente la presencia de dicha escuela pictórica en esa institución. Baste citar entre las últimas El vino de la fiesta de San Martín, de Bruegel el Viejo, o la tabla de la Virgen con el Niño, del Maestro de Frankfurt, pieza central de un tríptico cuyos laterales estaban desde el siglo XIX en el Prado, y esta tabla central después de recorrer medio mundo en manos de diferentes coleccionistas, pudo finalmente ser reintegrada al conjunto del que se separó como consecuencia de los devastadores efectos que tuvo para el patrimonio español la política desamortizadora del siglo XIX.

En esta ocasión la noticia se refiere a la adquisición de una tabla que representa en primer plano a San Jerónimo en oración, frente a un crucifijo situado en el suelo y apoyado contra un árbol cuyo tronco cierra la escena por la parte derecha y con sus ramas constituye una especie de habitáculo natural, a modo de porche o incluso capilla al aire libre, con el fin de que no distraiga la atención del devoto que la tuviera delante para rezar, puesto que esa era la principal finalidad de la pintura.

El manto y el sombrero rojo, de los que se ha despjado el santo, el tronco mismo del árbol, y la hiedra que sube por ese tronco, constituyen un perfecto dosel para realizar igualmente el crucifijo que, por su pequeño tamaño pudiera parsar algo desapercibido.

En la parte vemos un león, símbolo asociado al santo, comiéndose una liebre, y como fondo un hermoso y cuidado paisaje, más llano en la parte más cercana y montañoso en la lejanía. Los contrastes de luces ayudan a proporcionar sensaciones de mayor o menor profundidad, e invitan a reflexionar acerca de la autoría de esta importante obra, de comienzos de las primeras décadas del siglo XVI, que nuestro primer museo ha colgado en sus salas de pintura flamenca primitiva con la atribución a un anónimo pintor de Brujas de dicha época.

Válganos simplemente añadir, que con anterioridad esta tabla, que había tenido la consideración de Bien de Interés Cultural, en atención a su calidad, había sido atribuída al anónimo Maestro de las Medias Figuras, por la bondad y candidez que derrama la figura del santo, si bien el campo queda abierto al debate, puesto que, efectivamente, si comparamos esta escena religiosa con las del tríptico del Nacimiento, del Prado, atribuída al Maestro de las Medias Figuras, parece evidente una cierta diferencia en el tratamiento de los pliegues de los vestidos y en general de los ángulos de los distintos objetos representados, respecto de lo que podemos ver en el tríptico, que es como más suave y pastoso.

Y en este punto nos detenemos. Los expertos determinarán en el futuro lo que estimen más apropiado, pero de momento cabe felicitarnos por esta importante adición a la colección de primitivos flamencos del Prado, que habría de merecer algun día la confección de un catálogo completo de la misma, no solo de lo expuesto habitualmente sino también de las obras en reserva, o en ese Prado disperso, porque es una de las más importantes del mundo pero se publicita muy poco.

Quiero expresar mi agradecimiento al primer comentarista de este blog, 'Boro', que lo viene siguiendo prácticamente desde el primer día, y a quien debo el envío del enlace que ha permitido publicar la imagen de esta nueva tabla del Prado, que figura a continuación.








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